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MONISMO Y DUALISMO

Primero que nada tenemos que entender que tipo de visión vamos a utilizar para la comprensión del Camino Espiritual de las Runas.
Hay tres forma en las que vemos a Dios, en dos tenemos una visión dual y en la tercera tenemos una visión monista. Muchos maestros espirituales suelen utilizar pasajes del Nuevo Testamento para explicarlas citando las formas en las que Jesús se refería a Su relación con el Padre, inclusive en el hinduismo. Las usaremos nosotros también como ejemplo. Estas tres visiones son:
  1. Dualismo: es cuando percibimos a Dios como una entidad completamente separada de nosotros. Dios en el cielo y nosotros en la tierra. Tal vez sea la visión más común de la gente, un Dios lejano donde Su “presencia” está en otro plano de existencia y/o en otro lugar físico. En sánscrito se le llama Dvaita y corresponde a cuando Jesús, al comienzo de Su ministerio, expresaba “Yo soy el mensajero de Dios”.
  2. Dualismo calificado: la diferencia con el concepto anterior es que si bien a Dios lo vemos separado de nosotros, de la misma forma reconocemos poseer Su esencia; aceptamos que somos parte de Él. Seria como un cachorro de gato y su madre, sin dudas ambos son gatos, pero existen como seres separados y también es evidente que al cachorro le falta mucho para revelar el completo potencial de su naturaleza. En sánscrito se lo llama Visishtadvaita. Corresponde a cuando Jesús pasó a expresar “Yo soy el Hijo de Dios”.
  3. Monismo: es cuando no vemos diferencia alguna entre Dios y nosotros, todo es Dios. Reconocer que estamos en un proceso de autodescubrimiento de nuestra verdadera naturaleza divina, en un ejercicio autoimpuesto para jugar el juego del Amor. Pero que al mismo tiempo ese proceso ES Dios manifestado. No solo nada está fuera de la voluntad de Dios, una idea que también podría compartir con los otros dos tipos de visiones, si no que todo es perfecto y divino tal como es. Esta visión es la más difícil de mantener en la conciencia ya que la propia naturaleza dual de la mente impide tener una comprensión constante y cabal de la Verdad. En sánscrito se le llama Advaita y corresponde a cuando Jesús expresó “Yo y Mi Padre somos Uno”.
Si bien la visión monista resulta la más acertada ya que revela la pura esencia de la Verdad, no significa que las otras dos no sean válidas para el progreso espiritual. Pongamos un ejemplo. Imaginemos una pirámide escalonada como una pirámide maya, con la particularidad de que está escalonada en tres de sus cuatro lados. En la cúspide, donde se encuentra el altar, todo es de oro reflejando lo más puro y sagrado (Dios, el Yo). Una de sus escalinatas es también de oro (visión monista), mientras que las otras dos son de mármol (dualismo calificado) y granito (dualismo). Teniendo este ejemplo visual en nuestra mente podemos sacar algunas conclusiones útiles. En primer lugar entendemos que cualquiera de ellas nos puede llevar a la cumbre (la realización, la iluminación) y que a medida que avanzamos en estas visiones/caminos, también se van “acercándose” entre sí, llegando al final de su recorrido a un destino común. En segundo lugar concluimos que, si bien al transitar por la escalinata de oro (la visión monista) ya estamos parados en la esencia de la Verdad que encontraremos al final, no significa que hayamos llegado. Esto último da para muchas más especulaciones que pueden contradecir lo que acabo de decir, pero no sería este el lugar apropiado para tratarlas. Otra conclusión importante que surge de este ejemplo, y que nos debe dar humildad, es comprender que otros pueden estar más cercanos a la cumbre transitando por las escaleras de granito o mármol, aunque uno ascienda por la que está construida por el mismo oro de la cumbre.
Como parte de este nueva visión de las runas, nos concentraremos en reconocer la unidad divina subyacente en sus enseñanzas, una visión monista necesaria para revelar el mensaje universal y trascendental que ellas contienen; avanzaremos por la escalinata de oro. ¿Por qué concluimos que esta es la visión acertada para la mejor comprensión de las runas? La respuesta viene del propio dios Odín.
Cuentan las Edas que existe una fuente bajo uno de las raíces de Yggdrasil (al árbol cósmico asiento de todo el universo) que contiene toda la sabiduría . Esta fuente, llamada la Fuente de Mimir, por ser el nombre del gigante que la custodia, es a donde fue un día Odín a beber de su precioso hidromiel. Mimir lo dejó beber a cambio de que dejara algo en prenda, el pago fue uno de sus ojos, el que Odín entregó voluntariamente depositándolo en el fondo de la fuente. Desde entonces a Odin se lo conoce también como “El Dios de Un Solo Ojo”.
Odin por Georg Von Rosen (1843 – 1923)
Hay varias enseñanzas espirituales que se pueden rescatar de esta historia, pero la principal es la revelación de que para obtener la Sabiduría debemos “perder” un ojo en un acto de autosacrificio, lo que significa dejar la visión dual. Dios es Él Uno sin segundo, en Él no hay mente dual como está acostumbrada a experimentarla el ser humano; en Él no hay otro que no sea Él.
Hay un hermoso y muy exacto paralelismo de esta historia en la mitología hindú. Existen varias leyendas de cómo el dios Ganesha, el aspecto de Dios que se representa con cabeza de elefante y que simboliza precisamente la sabiduría y la energía divina que nos abre los caminos, perdió uno de sus colmillos. Todas las historias tienen profundas enseñanzas espirituales, pero una en particular nos brinda luz sobre el tema que estamos tratando. Nos dicen los Vedas que Ganesha iba a recibir la Sabiduría sagrada que el sabio Vyasa le iba a dictar. La única condición que Vyasa puso para darle la Sabiduría que Ganesha iba a plasmar de forma escrita, fue que una vez que comenzara no iba a interrumpir su dictado, por lo que Ganesha no podría interrumpir su escritura. Sucede que en un momento se le rompe la cánula con la que estaba escribiendo, y dado que Vyasa seguía dictando, Ganesha en un gesto decidido quiebra uno de sus colmillos y lo utiliza para seguir escribiendo. Esa es la razón por la que se lo representa siempre con un solo colmillo.

vyasa-y-ganesha-color2 “Vyasa y Ganesha” por César Fernández

Como vemos el paralelismo es sorprendente y muy claro: para obtener la Sabiduría debemos dejar la visión dual. Entonces ¿qué significa esto? Significa en primer lugar el reconocer que somos Dios, que no hay separación y que esto es así con toda la creación  y en todos los planos. No hay bueno ni malo, no hay “yo” (con minúscula) y “él”, inclusive el propio pronombre “nosotros” es solo una forma más de decir “Yo”. Un Yo con mayúscula porque se revela como nombre de Dios al ser lo único existente. ¿Dónde no está Dios?
En la tapa de todos los libros sagrados se dice que Dios es omnipresente, omnisciente y eterno, inclusive en la antigua religión germana, más allá del juego del nacimiento, las luchas y la muerte de los dioses, es fácil encontrar el sentido de eternidad de la divinidad subyacente en todo el drama cósmico. Un drama hecho a la medida del ser humano, con el único fin de representar nuestros procesos internos y darnos las claves de la iluminación. Esto es lo que nos revela el Camino Espiritual de las Runas.
Es en el Hávamál, el Discurso del Altísimo en las Edas, donde Odín cuenta como obtuvo las runas (otra forma de decir Sabiduría). Él expresa:
“Sé que colgué del árbol  azotado por el viento
nueve noches enteras,
herido por la lanza,  entregado a Odín,
Yo mismo a Mí mismo”
Una vez más el sentido monista, la Verdad develada que nos dice que solo existe el Yo. Pero también una vez más el comprender que esta visión solo se obtiene a través del autosacrificio, cuando entregamos voluntariamente al fuego sagrado esa parte nuestra que nos hace experimentar la ignorancia de la separación (el ego), lo que en definitiva es el fin del juego divino. El juego del autodescubrimiento llamado vida, en donde comprendemos que somos Dios.
Las runas nos irán enseñando cómo.
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